Se fue, paso sin detenerse, y quizás la lluvia es mi consuelo
Porque esta llama no se apagara, seguirá brillando largamente, borrando con su luz, los miedos que me atormentan, será como una balsa en medio de mi mar embravecido, rescatándome de mi mismo, y de todos mis oscuros presagios.
Se fue, y quizás nunca me vio, pero yo si lo vi y eso es lo que cuenta. Cuentan las horas largas como los sueños, cuenta el sudor derramado en cada verso, cuenta también mis lagrimas inexistentes, mis penas escondidas ahí, esperando, listas a atacar, pero siempre temerosas.
Cuentan también los miles de ojos expectantes, los miles de coros ensordecedores, las palmas rojas de tanto chocar y chocar.
Y la risa, que hay de la risa? Pasajera amiga, siempre presente, siempre limpia, hermosa.
Se fue, y dijo que volvería, mientras su capa azul cubría su cabello enmarañado, sus ojos de niño triste, su cara marcada por los años, su fiel guardián lo acompaño en su huida. Se fue y dijo que volvería, a esta su casa, esta su tierra también, porque uno no pertenece a donde nace, sino a donde más se le quiere.
Se fue pero volverá a inundarlo todo con su pena, con su canto, con su poesía, y aquí estará su gente, su ciudad y su palacio, esperando hasta que vuelva.
Crónicas de un Adiós
Rigoberto Tovar Scott
23 oct. 07
A Robert Smith