martes, 21 de enero de 2020

El Pasillo

Nunca tuve miedo de Caminar por el pasillo, siempre me detenía a mirar por encima de aquellas flores casi muertas, y veia la luna, veía las nubes corriendo entre el viento que soplaba frío y suave, las veía desbaratarse como aveces los sueños y las pesadillas se derriten. 
Nunca me detuve a mirar a los arbustos, la verdad las arañas me dan algo de miedo, mas con esos colores vivos y encendidos, sus panzas redondas manchadas de sangre y fuego me hacen temerle al mero contacto de sus patas, el solo imaginarlas subiendo por mi mano me produce escalofríos, por eso no me detenía a mirar a los arbustos, por miedo a las arañas. 
Ese pasillo, siempre me gusto para caminar por el, justo en la noche, justo en soledad, me provocaba un sentimiento de abstracción, me distraía en ese pequeño largo recorrido, siempre para entrar siempre para salir y volver, forma parte de las enseñanzas de mi vida, no se porque, el dulce olor a las "huele de noche" me llenaba de calor, de una especie de hechizo manifiesto en mis ideas, porque ese olor me regresa siempre al hogar, al hogar que tuve y que perdi, aveces paso por él cuando brilla el sol, y quisiera que todo fuera noche, que el mundo se apagara entre gemidos, entre susurros de estrellas titilantes en el universo; y oler el suelo húmedo, la pared de ladrillos grises un poco derruidos luchando contra mis manos que se aferran, el olor de esa flor hipnotizante, la luna vigilante a lo lejos y ese aire Frio, Gelido, chocando lentamente contra mi rostro y recordandome, que detrás de esas imágenes, detrás de todos esos sentimientos, estará siempre mi morada eterna, ese pasillo, me dejaba entrar al mundo de los muertos, mirar sus hogares blanquecinos manchados por la lluvia y el olvido, ese pasillo era la entrada al panteón que solía visitar de niño.


Rigoberto Tovar Scott
16/06/2011