Mis Recuerdos de la niñez son algo vagos, no sé qué edad tendría cuando escuchando esas conversaciones que "Los niños no deben oír" me quede impactado por quizás el resto de mi vida. Era navidad en casa de mis tíos, los adultos tomaban sus cervezas y festejaban bailando con música norteña, típica de mi Monterrey de la infancia, y alguien de mis tíos dijo, -El fin del mundo será en el año dos mil- si y todo lo que existe será destruido. Añadió, Entonces rápidamente hice cuentas, y mi mente de niño se rompió entonces, porque las cuentas decían que moriría irremediablemente a los 24 años.
Muchos años de mi vida, Cada diciembre viví Atormentado por esas palabras que me marcaron quizás por eso Odio las navidades porque me hacen sentir cerca de la muerte, de la catástrofe, cerca del fin del mundo, Entre los miedos y mi vida, Llego esa noche Fatídica, ese día me desperté deprimido para variar, por aquel entonces la ausencia de trabajo y un nuevo porvenir se abría ante mi vida y marcaría el inicio de una etapa Dorada, yo, tenía miedo que todo terminara ese día, pero la noche corrió y llego el amanecer del 2001 sin un terremoto siquiera...
Qué lejos ha quedado la época de las libélulas en las ramas de Espinos, que lejos ha quedado ya la imagen que tenia del aquel cerrito humilde de mi infancia.
El otro día, recordaba la tragedia del fin del mundo con unos amigos mientras reíamos de esta historia, que a algunos parecerá fantástica, o quizás simplemente se reflejen en mis líneas, Ahora a 11 años de mi edad límite, Espero un mundo inteligente para mis hijos, un mundo Vivo, un mundo palpable, que se pueda respirar, y se pueda admirar, Pero Aun tengo miedo del fin del mundo, Odio la navidad por ese Recuerdo, creo que jamás lo supe hasta que recordé que el mundo "Habría de acabarse en el año Dos Mil".
Rigoberto Tovar Scott
Remembranzas.
7 marzo 2011
Rigoberto Tovar Scott
Remembranzas.
7 marzo 2011