He querido buscarte para encontrarme a mí mismo, pero ha sido en vano todo lo que he perseguido estos años.
La claridez de la mañana me recuerda las mañanas que vivimos, tan cerca uno del otro, y a miles de años luz de nuestras mentes.
Desde que te perdí, nada es igual
La risa se ha convertido en silencio y la alegría, poderosa luz; hoy se ha tornado en amargura oscurecida por las lágrimas de mi alma.
Ay! quien pudiera regresar el tiempo y tenerte nuevamente entre mis brazos, corazón sin dueño.
Repetiría mil veces el camino que me llevo a ti y cuidaría mis pasos para nunca dejarte ir, pues has sido la estrella más fugaz de mi firmamento y aunque lo intente, no pude seguir tu camino, surcado en el cielo azul marino.
Aveces me veo a mi mismo repasando nuestra historia cientos de veces.
Como yo, en un sueño herido de dolor, tan indefenso a tus encantos, te encontré cuál tesoro resguardado, como te hice mía cada noche de las mil y una noches, abrazado a ti, aferrado a tu piel y adheridas nuestras almas.
Quizás ellas sabían lo que ni tú ni yo pudimos entender. Que al final te perdería y que de tanto amor solo quedaría el recuerdo. Cómo un beso de luz, tan frío como luz de luna.
Rigoberto Tovar Scott
13/02/21